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Domingo 13 de Mayo de 2007 |
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ARTESANOS
HASTA LA MEDULA, PRODUCTOS |
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Una familia
numerosa, los Cricenti, radicados en el paraje Entre
Ríos, de Lago Puelo, se dedican a la manufactura de
artículos de cuero, con los que alcanzaron renombre por
la calidad y el detalle de toda su producción.
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Podrían ser el paradigma de una nota sobre la empresa
familiar si no fuese porque el oficio a que todos ellos
se dedican los ha hecho reconocidos como ningunos en la
región. Sus artículos de talabartería y artesanías en
cuero se venden hasta en el Hotel Llao Llao, han sido
proveedores de “Arbol” y por la calidad de los
accesorios que manufacturan han tenido tratos con
conocidos diseñadores de indumentaria a nivel nacional.
Sin embargo, la historia de “Nova” Cueros nació
cuando Beto Cricenti y Vicky decidieron fundar una
familia siendo ambos todavía adolescentes, dejaron
Beccar (provincia de Buenos Aires) y se vinieron a la
Comarca andina con sus dos primeros vástagos, Julieta
(29) y Pablo (28), por entonces apenas bebés. Beto ya
hacía sandalias artesanales que se vendían muy bien en
San Isidro. De la llegada a la cordillera hacen 27
años. Luego nacieron Francisca, Nazareno, Juan, Pedro y
Dian. Hoy, todos, menos la mayor que ya ha formado
su hogar, se ocupan de la fabricación de una inmensa
variedad de artículos y objetos de cuero, con una
concentración en los detalles que se nota en cada
cinturón, cartera o billetera que sale del espacioso
taller. Desde el diseño hasta la puntada final, cada
integrante de la familia aporta su trabajo en una suerte
de doméstica cadena de producción. Parece que los
Cricenti llevan en la sangre eso de hacerlo con sus
manos. Porque además de la talabartería, levantaron y
ampliaron el taller, construyeron el coqueto salón de
venta a la vera de la ruta provincial 16 y mantienen en
producción una chacra cercana, de 3 hectáreas, que los
provee de entre un 50% a 60% de los alimentos que
consumen. Beto ha sabido -sin proponérselo-
transmitir a su prole las habilidades que él tiene:
artesano, constructor, carpintero, productor y
mecánico... En una época amasaban y vendían pastas
frescas de gran demanda. Las dejaron de elaborar porque
la artesanía de cueros les exigía cada vez más tiempo.
El puesto de “Nova” fue uno de los siete primeros
que allá por el 79 dieron vida a la Feria de Productores
y Artesanos de El Bolsón. Siguen allí, aunque
actualmente lo atienden los “chicos”, que se reparten la
ganancia y mantienen una clientela que les es fiel.
Sin embargo,”trabajar en familia tiene sus cosas”,
dice Vicky- y sonriente agrega: “no los podés echar”.
Como ventaja, en cambio, Beto señala: “cuando no tengo
ganas, no trabajo”. El proceso que lleva a sacar un
nuevo modelo de cartera comienza habitualmente en la
imaginación de Beto y se plasma en dos o tres prototipos
hasta que el último detalle queda a gusto de todos.
A la idea aportan también los chicos porque a la
gente le atraen cosas nuevas, si bien hay clásicos que
nunca dejaron de fabricar, como las carteras con
“flecos”, muy solicitadas por los turistas en el
exclusivo local del Hotel Llao Llao. La forma es
dibujada en papel y luego recortada en cartón; de allí
se elige el o los distintos cueros que se utilizarán -si
combinados o repujados-, se cortan las diferentes
partes, se rebajan y tiñen los bordes, se pegan cierres
o hebillas, se arman las correas, se dibujan y pintan
los motivos a mano y por último se arman fuelles y se
cose. Perfeccionado el prototipo, los moldes en cartón
son enviados para hacer las matrices de acero con que
luego se cortarán las diferentes piezas cuando el modelo
entre en producción. Al principio hacían todo
artesanalmente, inclusive la costura. Hoy emplean
algunas máquinas pero las terminaciones son a mano como
los dibujos y pinturas que están a cargo de Vicky y
Francisca. También los trenzados y bordados se
confeccionan manualmente. La variedad de objetos
incluye, además de cintos, carteras y sandalias, cajas,
sillones, billeteras, una línea de talabartería criolla
y muchos trabajos a pedido. Una atención gratuita
que mantienen con los clientes es que muchos les traen
para reparar bolsos o carteras adquiridos hace varios
años. Beto justifica el arreglo: “El cuero es algo
costoso, ¿cómo no se los voy a arreglar?”. En el
tiempo libre, padres e hijos, son productores por
vocación. De la chacra, cosechan hortalizas; crían
conejos, chanchos, vacas lecheras y para carne. Elaboran
quesos y chacinados y hace pocas temporadas que
comenzaron con el cultivo de frambuesas. Juan (22)
dice que no hubo ningún secreto en que sus padres les
inculcaran el amor por todo lo que hacen juntos.
“Simplemente -lo confirma Beto- les ofrecí lo que yo
podía y sabía, para sostener la familia”.
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MONICA JOFRE FOTOS: EUGENIA GARTNER
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